Recuerdo siempre que en viajes familiares a Estados Unidos, siempre hacíamos con mi mama la merecida y sagrada parada a Cinnabon. Solo con estar ya cerca al food court se me hacia agua la boca con el olor de los rollos que estaban en el horno. Y era solo para comer el gran rollo de canela, que en su mayoría de veces no me acababa por que es enorme, y me paraba llevando para poder disfrutarlo en la cena o desayuno. (Leer más…)